JAKASIÑA CENTRO DE ESTUDIOS SOCIOCULTURALES Y ACCION COMUNITARIA. Integrado a la Red Iberoamericana por los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Asociación Mundo Solidario. (De España para Latinoamérica)
   
  Centro de Estudios Jakasiña
  Lo Etico-Politico en Trabajo Social ¿Practica Social o Discurso Solamente?
 

V Jornadas de producciones escritas de Trabajadores Sociales Locales

 

Consejo Profesional de Asistentes Sociales de la Provincia de Formosa. 30 de Junio y 1ro de Julio Año 2006. Ciudad de Formosa.

 

LO ÉTICO-POLÍTICO

EN TRABAJO SOCIAL;

¿Práctica social o discurso solamente?[1]

 

 

Víctor Hugo Mamaní

 

 

I.

 

Debo declarar que parte del título de este “borrador de reflexiones” se lo tomé prestado a Natalio Kisnerman (2001), y a diferencia del maestro, es la primera vez que escribo sobre estas dimensiones del ejercicio profesional; “lo ético y lo político”. Es más, nunca me imaginé hablando de estos temas tan lejos de mi tierra. Estas dimensiones  del ejercicio profesional siempre me parecieron temas a poner en la arena de los debates, más desde la acción que desde el discurso. 

Sobre todo después de leer un texto de  Donald A.Schon (1996) que  desde la Universidad de Massachusetts recuerda a sus contemporáneos  “que nuestra sociedad ha llegado a depender fuertemente de los profesionales, hasta tal punto que la conducción de los negocios, la industria, el gobierno, la educación y la vida cotidiana serían impensables sin ellos, hay signos de una creciente crisis de confianza en las profesiones”

En nuestro país y me arriesgo a decir en Latinoamérica, la situación no es tan diferente, escándalos muy publicitados dieron muestra de que los profesionales aprovecharon sus posiciones de privilegio para obtener beneficios personales, al menos en mi provincia sucede, no se en la vuestra. Las soluciones diseñadas por profesionales para problemas del pueblo, fueron a veces peores que el problema que se pretendía resolver, como dicen un dicho popular “el remedio  es peor que la enfermedad” o como me dijo alguna vez, una vecina del barrio donde desarrollo mi experiencia comunitaria actual;

“mire don víctor, en el barrio el que sabe, sabe, el que no, es profesional”

Estoy convencido de que los profesionales de las Ciencias Sociales somos privilegiados, desde que transitamos las aulas y los espacios institucionales con prácticas preprofesionales desde la academia hasta el ejercicio profesional. Ello, en el sentido de que tenemos pasaporte para “intervenir” en la vida cotidiana de la gente, revolver sin resolver, diagnosticar y marcharnos, sin que nadie nos haga un juicio de mala praxis.

 

II

¿De qué hablamos cuando hablamos de ética?

¿De que ética hablamos cuando hablamos de ética?

 

Tengo que confesarme escéptico sobre el discurso acerca de la moral y de la ética, pues creo que desde el discurso se enmascara lo real, Bucay diría en su CARTAS PARA CLAUDIA “yo soy yo y mi lenguaje es mi disfraz”. Creo que la ética se reduce paradójicamente a grandes palabras, con un supuesto poder en las relaciones humanas, palabras que no son y no deben ser cuestionadas, como tampoco la realidad donde esas palabras se instalan.

Palabras emergentes de un pretendido pensamiento racional, objetivo y verdadero, y que refleja el orden de las cosas que los humanos debemos obedecer.

Ética y Moral, no son actividades científicas, son actividades reflexivas. Solo tienen por función comprender y dilucidar el sentido de nuestros actos, repito EL SENTIDO DE NUESTROS ACTOS, desde los valores que los guían.

La ética tradicional tiene mucho  de religión, como ella y en tanto DOGMA, no se discute. El “no deber hacer” no robaras, no matarás, no, no, no, no… determinadas cosas tiene un origen oculto, misterioso, como emergente de la revelación divina.

Con todas las normas que los hombres y profesiones hemos elaborado, ¿hemos creado una sociedad, ética, moral o simplemente mejor?

¿Los mandamientos cristianos, aseguran por si mismos, que los cristianos los cumplan?

En muchos casos, las máximas autoridades de esa Iglesia avalaron dictadores y matanzas de seres indefensos. Las evidencias señalan que NO, aunque algunos colegas aparezcan,  negando eso. Siempre respondo “SI TU ERES  ETICO, ERES LA EXCEPCION, yo hablo que lo que creo es  LA REGLA QUE SE INSTITUYO DESDE LA ACCION PROFESIONAL y no desde el discurso  a lo largo de la historia de nuestra profesión.

Los enormes códigos de ética profesional

¿Garantizaron que los trabajadores sociales  hagamos mejor  nuestro trabajo en beneficio del pueblo?

Pienso que seguimos estando en presencia de una ética extrínseca imponiendo el “deber ser” de quienes ostentan el poder, nuestra conducta humana regulada por códigos, basadas en un ser individual, universal, que niega la creatividad y la propia identidad de cada sujeto.

Ética fundada en una neutralidad inexistente, olvidando que lo emocional mueve la acción como refiere Maturana. Esa Ética y esa Moral es la que no me convencen, desde que era adolescente.

Entiendo que nada está regido exclusivamente por la razón y que todo se construye en la práctica de las relaciones sociales, en el espacio de significados del que participamos y construimos las personas, ustedes y yo. La sociedad no se moldea con buenos principios, se logran con medidas que dignifiquen a sus habitantes, trabajo justamente pagado, acceso a la educación de calidad, salud y vivienda para todos, con libertad y auténtica democracia. Creo que ya es hora de dejar de discursear y pasar a la acción, hace muchos años que la sociedad está en manos de los profesionales, se ha confiado el bienestar de nuestra sociedad a todas las profesiones ¿qué hicimos? ¿mejoraron las cosas?, es en esta reflexión, donde comenzamos a construir la ética y continuamos en la práctica social, haciendo en relación con otros, poniendo entre paréntesis los principios morales, apuntando a una exploración de aquellas prácticas relacionales que permitan a  las personas alcanzar lo que entienden por una vida digna de ser vivida.

El construccionismo, paradigma al que adhiero, implica acción en tanto señala que todo es construido socialmente. No acepta la existencia de valores ni verdades absolutas, universales, categóricas, porque suponen la existencia de una única forma de actuar. Pero nada hay en el construccionismo que niegue la posibilidad de un compromiso moral, lo que niega es la base justificatoria de esos compromisos cuando impulsan medidas para discriminar, excluir, descalificar.

 

 

III.

¿Quién dice que algo es bueno o malo? ¿Normal o anormal? ¿Quién establece la jerarquía entre valores y con qué derecho?

¿Se han tomado la molestia acaso de criticar las implicaciones éticas y políticas de sus propias prácticas y trabajos?

La ética  dice Maturana, cobra presencia en la preocupación por las consecuencias que tienen nuestras acciones en la vida de los otros SERES HUMANOS: LOS EFECTOS COLATERALES DE NUESTRA “INTERVENCION”. (Palabra que tampoco hoy comparto)

Tendremos que repensar el ejercicio profesional en la salud, encerrados entre cuatro paredes esperando a los problemas de salud o cuando incursionamos en comunidades como si fuéramos los conquistadores del siglo XXI, más aún cuando nos ponemos impecables guardapolvos blancos, un cartel similar al usado por los médicos, y sonreímos cuando nos dicen Doctores.

En la educación cuando enseñamos lo que no hacemos y transmitimos textos sin contextos, o cuando pretendemos ser sociólogos a medias o psicólogos clínicos encubiertos. También cuando egresamos y nos sumamos a planteles docentes sin siquiera haber pisado la arena social.

En las instituciones de seguridad, cuando  usamos jerarquías igual que el personal de seguridad, adoptamos medidas disciplinarias de ese sistema, cuando sentimos el poder sobre otros.

O en los programas sociales, para lo cual muchos trabajadores sociales hacen Maestrías para vivir de los programas sociales “Don victor, (me decía una vecina)  la verdad no se quien necesitan mas los Programas sociales, las vecinas o las asistentes sociales”.

Cuando nos encontramos con colegas que no leen, no escriben, no producen conocimientos acerca de la profesión, no explotamos la riqueza de la práctica profesional, sin embargo, después nos quejamos de que nos ubiquen en lugares subalternos en relación a otras profesiones.

Tendremos que identificar ¿qué ética circula en los discursos y en las prácticas?  Si como refiere Alayón (2004;22) “para nosotros la lucha contra la pobreza debe constituir hoy, en argentina, la gran causa nacional”, cuidado  con en lugar de un Trabajo Social para la pobreza desarrollemos la pobreza del Trabajo Social.

 

IV

En cuanto a lo político, refiere Alayón (2004;21) que desde sus orígenes nuestra profesión  como toda disciplina del campo social, siempre tuvo una objetiva dimensión política, aunque no siempre debidamente visualizada por  quienes la ejercemos, en algunos casos hasta negada, diría yo. Raul Llobeta (Jujuy; 2006) expresa que desde el momento en que pensamos al mundo de determinada manera, y pretendemos un cambio o transformación del mundo que vivimos, a través de nuestro ejercicio profesional, estamos inmersos en la política. Nos guste o no, debemos aceptar que  cumplimos una función específica de reproducción de las relaciones sociales, esto significa que nos adentramos al interior de las relaciones de poder de la sociedad capitalista, donde poseemos una autonomía relativa, como en toda la historia del TS. Aquí aparece la actitud del trabajador social, diría Susana Abad (En A. Dellano 2006;76) y su vínculo con la tarea marcando la necesariedad de una implicación ético-política con la problemática que aborda y aquí ella se hace otra pregunta ¿hasta adonde llega ese compromiso con las problemáticas que aborda? En cierto momento se habló de un TS militante, comprometido con el cambio, con la transformación, pero ¿cuál es el cambio o transformación que  propuesto por una profesión que generalmente desempeña funciones en organismos oficiales? ¿Cuál es la actitud del TS, cuando esa concepción de cambio no es concordante con el organismo oficial?

¿Como juega aquí lo ético y lo político? ¿Hacia que dirección se inclina la balanza?

Esas respuestas las encontramos en la práctica  social cotidiana, es allí donde construimos LA ETICA Y LO POLITICO en nuestra profesión.

 

Bibliografía

ALAYON,  Norberto (2004) Dimensión Política del Trabajo Social. Revista  Institucional de la Escuela Superior de Trabajo Social. Escenarios. Nro 8.

KISNERMAN, Natalio (2001) Ética, ¿un discurso o una práctica social? Ed.Paidós.

SCHON, Donald A. (1996) en Packman, Marcelo. “Construcciones de la Experiencia Humana. Vol.I. Gedisa.1996.España.

TEUBAL, Ruth (2006) Entrevista a Susana Abad.  En Resignificando lo grupal en el Trabajo Social. Espacio.

 

 

 

 

Mamani Victor Hugo

Formosa,  Julio 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anexos

Entre  los africanos, cuando un narrador llega al final de un cuento, pone su palma en el suelo y dice: aquí dejo mi historia para que otro la lleve. Cada final es un comienzo, una historia que nace otra vez, un nuevo relato, un nuevo cuento. Así se abrazan quien habla y quien escucha, quien escribe y quien lee. Espero que éste, mi cuento, mi historia, mi experiencia al finalizar este encuentro,  permita nacer otra historia, llevada por otro.

La invitación es pensar lo ético como una construcción social  que involucra personas en relación y lo político como acción situada,  comprometida con la transformación de la vida social. Continuaré mi  ponencia, siendo fiel a mi estilo con relatos reflexionados o a reflexionar sobre la práctica profesional que circula a mí alrededor, prácticas que me llevaron a preguntarme donde está lo ético-político en trabajo social? Por donde circula? Transita por la práctica social o solo en los discursos?

 

Ej.1.

Recuerdo haber leído una experiencia en penitenciaría, donde el psicoanalista en una reunión de equipo, daba su diagnóstico de una persona privada de libertad a quien había entrevistado en varias ocasiones. Su razonamiento era más o menos así:

 

“Fulano no delinquió por que si nomás, su personalidad determinó esa conducta delictiva, su personalidad está determinada por una cierta estructura de personalidad y como las estructuras no se modifican, ergo, volverá a delinquir. Así que... sonamos.

O peor aún cuando fulano tiene la desgracia de poseer un coeficiente intelectual alto, es un psicópata.

 

Ej.2.

Mustieles Muñoz, en una experiencia con adolescentes  en la Universidad del Comahue reflexiona sobre el diagnóstico realizado  con adolescentes (muy similares a los que encontré y me encuentro cada tanto en mi actual desarrollo profesional)

 

“adolescentes sin proyecto de vida, bastante abandonados a la suerte de la cotidianeidad, con nula autoestima, autovaloración y reconocimiento de si y del otro. Esta es la realidad encontrada. Por cierto que en todo este epígrafe pareciéramos vinculados a ciertas concepciones tradicionales de trabajo social tradicional, y no tan tradicional. ¡Qué conciso diagnóstico! PATOLOGICO.

Ej. 3.

Por otro lado y para actualizarnos en los antecedentes, a inicios de este año, me encuentro con colegas incorporados en Programas Nacionales de Formación en Servicio, con categoría de postgrado en Medicina Comunitaria, que en sus narrativas y relatos muestran disconformidad con los objetivos, con las estrategias para abordar la  salud comunitaria,  de la vigencia e imposición del modelo médico hegemónico, del modo de concebir la participación de la gente, etc. y paradójicamente terminan y los veo en las calles del barrio, haciendo aquello que critican. En una reunión de equipo de esos Centros Integradores Comunitarios donde estuve presente y acompañados de algunos vecinos, los colegas renegados silencian su voz, ante el médico-capitán del barco.

Esta situación me llevó a elaborar una hipótesis que fue confirmada luego por una colega:

¡escúchame Víctor me pagan $1200  por capacitarme, recibo una certificación  de especialización superior de la Nación,  vamos a trabajar a la comunidad  desde un C.I.C (Centro Integrador Comunitario) y capaz que nos dan un cargo! ¿Qué esperas vos? Además me avisaron que si hacemos un año mas, con una investigación nos dan una Maestría...”

 

Al otro día, me encontré en el hospital zonal  a otra colega incorporada al mismo Programa pero en otra jurisdicción,  lucía un guardapolvo blanco impecable,  sobre su pecho brillaba una chapita en la cuál  saludaba su nombre. Mientras me contaba su experiencia en los pasillos, una señora de aspecto “humilde”, se nos acerca y le dice

-  Me perdona Dra.?

- Si, (responde la colega)

- Dra.,  ya  tengo el papel que me pidió,..

-Espérame Victor, (se fue con la señora).

 

 

Ej.4.

Cierto fin de semana, desde el Programa Institucional de Salud Comunitaria del Hospital donde trabajo, viajamos hacia la fría, seca y pálida puna, la “siberia argentina” como algunos la llaman. Allá fuimos, el médico fisiatra, trabajador social y chofer. Nos esperaba Celina, líder y emprendedora comunitaria, había avisado que vendrían “los doctores de la ciudad” a casi 30 vecinas, de las cercanías y otras que dejaron sus cabras y llamas a las seis de la mañana para llegar a las diez, al lugar donde atenderíamos “los doctores”.  El médico debía evaluar a cada “paciente” (palabra que viene de paciencia, sobre todo al médico) y certificar grados de  discapacidad, el trabajador social: niveles de pobreza. Cada situación, un mundo complicado. Recorrí el pueblo mientras realizaba visitas domiciliarias, siempre acompañado de Celina. En la Plaza me encontré con adolescentes lugareños con gorras de estilo Yankee, pantalones anchos, bailando Hip Hope, Rap, etc. alrededor de unos enormes parlantes. En el fondo flameaba en la puerta de una casa, nuestra  Wipala, bandera que identifica a  los pueblos andinos.  Le pregunté sobre la Trabajadora Social del lugar, yo quería conocerla. Celina me respondió:

 

“estuvo poco tiempo aquí, vino de la universidad y pechó pa la ciudad, ya ganó el cargo y se fue, ya se olvidó que era de acá”

 

Me recordó a Sebastián Bertucelli cuando relata en su trabajo comunitario, que un padre le dijo sobre su hija recién recibida en la universidad

 

“ no se qué le paso a mi hija en la universidad?,

 vino y nos dijo que todo lo que hacemos en ésta casa está mal, que así no se vive

 Si así la criamos aquí  y de aquí la mandamos a estudiar, no entiendo

¿Qué  les hace la universidad doctor?

 

Visité y padecí cada visita domiciliaria, cada historia me recordaba el título de un libro de Bordieu; “La miseria de los pueblos”. Sobre todo de aquellos pueblos olvidados como Abra Pampa. Olvidados que recuerdan y saben de solidaridad, de agradecimiento, de entrega, pues obsequian lo que tienen, lo que producen, hasta lo que no tienen; frutas, carnes, etc. Quienes alguna vez llegamos a esos lugares, lejanos, sabemos de ese fenómeno de extraña y trascendente generosidad.

 

Reflexiones

A veces creo que la gran paradoja de las profesiones sociales es que deseamos ser otra cosa, o bien sociólogos disminuidos o bien clínicos encubiertos, con el consiguiente malestar y complejo de inferioridad que nos crea inseguridad en el propio ejercicio profesional y fascinación por aquellas otras profesiones

Durante mi experiencia en instituciones estatales (penitenciaria, educación, salud) en ONG y empresas sociales, me encontré con profesionales que discursean sobre la realidad, sobre los problemas de otros, que investigan por investigar olvidándose  de José Martí, que enseña que “conocer es resolver”. En nuestro pueblo se conoce para vivir, no por el solo hecho de conocer como dice Kusch (1982)

Por otro lado me encontré con pseudointelectuales que hablan con palabras de otros, se disfrazan con palabras de otros, se cubren con teorías de otros mundos para interpretar nuestra realidad Latinoamericana, le temen a la práctica, la descalifican y solo intelectualizan.

 

¿Donde está lo ético y lo político en nuestras prácticas?

 

 

 

2. Sobre la Ética

La ética es una construcción social que involucra personas en relación, personas que ejercen una profesión y pueden hacerlo éticamente. Para nosotros (cuando digo nosotros me refiero a quienes nos posicionamos desde construccionismo)  actuar éticamente es hacerlo con honestidad, co respeto por la dignidad y la cultura de las personas, y con el compromiso y entrega. Entiendo la ética como actitud, simple y complejamente la coherencia entre lo que pienso, digo, siento y hago. Es una construcción pues al insertarnos al mundo de las relaciones se va construyendo a si misma a través del lenguaje y de la reflexión  como proceso.

Al hablar de relaciones entre las personas implicamos la intersubjetividad, las redes de comunicación que se construyen entre las personas. Solo en ese marco relacional, consideramos nosotros tiene sentido. Allí cobra vida y corporeidad la ética.

Creemos y con 20 años de trabajo con personas en situación de vulnerabilidad psicosocial, como es mi caso, que la ética no está en los manuales de ética. Los viví como textos vacíos de realidad, textos sin contextos, sin personas, meros discursos de quienes imponen su docta palabra. Por eso No creo en códigos de ética profesional producidos entorno al bien  o al mal que no se articulan alrededor de una problematizacion permanente. La ética se aprende en la práctica, en la vida cotidiana en el mundo de la vida, en las relaciones con otros actores en momentos y hechos compartidos. Allí entra en juego una ética en construcción.

La ética es una palabra gastada, manchada,  que fue transitando por todas las bocas de diferentes maneras. Kisnerman

Este escrito no intenta ni quiere ser una ética que estipule lo que debe ser o hacer una determinada profesión o un conjunto de profesiones

Lo ético, 

Una compañera de Trabajo la Lic. Mirtha Alarcón  Psicóloga ella, en el transcurso de nuestro trabajo comunitario en Jujuy, refería que en lo ético está lo político y en lo político esta atravesado por lo ético, que esas dimensiones cobran vida en la relación con la gente, que no hay otra manera de darle corporeidad social a estas dimensiones. No hay otra se cansaba de decir mientras visitábamos los domicilios vecinales, o cuando en reuniones con equipos de los puestos de salud, donde el modelo médico hegemónico intenta ( a veces lo logra) imponerse los trabajadores comunitarios de mi equipo (fonoaudióloga , psicóloga, enfermera, trabajadores sociales) ponían en la mesa su “saber hacer fundamentado” pues coincido que Kisnerman ( 2001; 107) que ese discurso enmascara, disfraza  lo real  y con ello se reduce a grandes palabras que no son cuestionadas, como tampoco la realidad concreta donde se insertan.



[1] Ponencia Presentada en  V Jornadas de producciones escritas de Trabajadores Sociales Locales. “Lo político y la política en el Trabajo Social”.  Consejo Profesional de Asistentes Sociales de la Provincia de Formosa. 30 de Junio y 1ro de Julio Año 2006. Ciudad de Formosa. Argentina.






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