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  La Deconstruccion en el Proceso Metodologico Aportes al Trabajo Social Comunitario 1ra parte - Mamani Victor Hugo
 

Ficha Temática Nro.6

1ra Parte

 

 

La Deconstrucción en el Proceso Metodológico

 

La investigación, objetivos, procedimientos y técnicas

 

 

Mamaní Gareca, Víctor Hugo

 

1. Introducción

Desde  el Construccionismo Social,  enfoque epistemológico transdisciplinario  en el cual se apoya el enfoque teórico y metodológico de la cátedra para el trabajo con grupos, afirmamos que la inserción, la deconstrucción, la construcción, la reconstrucción, la evaluación, la sistematización son procesos coexistentes. Y a diferencia de lo que plantea Kisnerman (2005,221) consideramos desde nuestras prácticas, que  en el despliegue del abordaje metodológico, existen momentos prioritarios y priorizados por el Trabajador social o los equipos que integra.

 

Por ejemplo; si un equipo decide desplegar acciones de Inserción Comunitaria con la intencionalidad de trabajar con grupos locales en determinadas problemática, no excluye el uso de técnicas de conocimiento (momentos conversacionales - entrevistas, observación participante,  etc.) Por el contrario, aquí se integran técnicas de conocimiento con procedimientos de construcción de relaciones de confianza con la vecindad: lo que nosotros llamamos “conocer haciendo”. Es decir, conocimiento e intervención estratégica a partir de las primeras comprensiones de la realidad social (construcción) en la cual nos vamos insertándonos progresivamente. Tampoco se encuentra excluida la evaluación, pues  se trata de un proceso que se realiza antes, durante y después, de cada plan de acción  que el equipo va construyendo (reconstrucción). Como se puede apreciar el momento priorizado es la Inserción, donde en simultáneo y de acuerdo al ritmo particular de cada proceso se realiza investigación-deconstrucción, intervención, evaluación. Si a esto le agregamos la importancia de los registros de campo e informes que  se van elaborando durante el proceso, hasta nos arriesgamos a afirmar que estamos construyendo nuestra sistematización.

Del mismo modo, cuando priorizamos el proceso de deconstrucción, la inserción se va consolidando, continuamos el proceso construyendo relaciones de confianza con la vecindad, hacemos, conocemos y comprendemos a la vez, en simultáneo. Cada plan de acción  es evaluado, ejecutado, registrado, es decir, sistematizado. Aquí el proceso priorizado es la Deconstrucción sin excluir otros procesos.

Algo así como una dupla de figura – fondo. Cuando uno de los procesos es figura, el resto es fondo del proceso que me ocupa prioritariamente en este momento. Ello no significa, y somos reiterativos en esto, que el resto de los procesos no continúen en movimiento. En el despliegue de nuestro abordaje metodológico  cada proceso de los coexistentes,  emerge desde el fondo  y pasa a ocupar nuestra atención prioritariamente transformándose en figura,  al tiempo que se resuelve o es vuelta al fondo.

 

2. La Deconstrucción

El momento de deconstruir es la posibilidad de visualizar: ¿cómo se ha ido construyendo la situación problema?  ¿Qué preconceptos, representaciones, prejuicios y/o supuestos están operando como barreras u obstáculos? para intentar, desde la situación construida (comprensión explicativa lograda entre equipos y actores sociales) reconstruir mediante nuevas prácticas una situación superadora.

Para el construccionismo la investigación  no es un medio para  ni para valorar ni para invalidar las hipótesis generales, ya que todas las teorías pueden ser reducidas a verdaderas o falsas dependiendo de la gestión que uno haga del significado en un contexto dado  (Gergen, 1996, 81)

 

En la investigación se comienza por preguntarnos por ejemplo:  

 

¿Cómo se ha construido un determinado problema de conducta en una escuela?

 ¿Cómo aparece la agresión en un barrio?

¿Cómo se generan objetos de conversación a través del intercambio social en un grupo?, y

¿Cómo se justifican determinados hechos en la sociedad, como la violencia, la desocupación, la pobreza?

 

Ya que la racionalidad de como se piensa y encaran determinados problemas o temas, no es de una mente individual, sino resultado del intercambio social, de las representaciones que como elaboración de un objeto social tiene una comunidad. Para poder describir ¿cómo se vive en un barrio o cómo se trabaja en una institución? es preciso conocer cuáles son los significados que construyen una situación, desde la propia perspectiva de sus protagonistas.

Como el construccionismo prioriza la investigación cualitativa,   “hace base en” parte de los datos, no los recoge para evaluar modelos, probar hipótesis o teorías preconcebidas. Por eso se puede definir la investigación como el proceso mediante el cual podemos conocer cómo los problemas sociales llegan a definirse, y  cómo son para los actores involucrados. Como decía Wittgenstein, (1988, 131) “los aspectos de las cosas más importantes para  nosotros  están  ocultos  por su simplicidad  y  cotidianidad”  Aquí destacamos la importancia de la pregunta. A partir de ella, (de la pregunta) comienza el conocimiento.

Una epistemología construccionista favorece determinadas líneas de investigación. Siguiendo a Gergen,  una primera línea es al interior de la ciencia, que desmitifica la objetividad, la verdad, la neutralidad ideológica, la apoliticidad, los valores, advirtiendo las consecuencias sociales y políticas de su accionar, de sus formulaciones evaluativas, de su descompromiso, del ejercicio del poder, etc. En este sentido, Gergen, señaló que “la investigación es un instrumento para la emancipación o de la intervención”. Op cit.  176.

Una segunda línea se centra en los procesos de construcción de los sujetos y del mundo, ¿cómo se caracteriza la gente a sí misma?, ¿cómo se vincula con la vida y el mundo?, de modo que sus acciones sean inteligibles y justificadas, lo que tiene que ver con su vida cotidiana, sus percepciones, representaciones, valores; no aceptar los problemas tal como vienen dados y precipitarnos en las soluciones, sino explorar cómo llegaron a definirse como son, lo que incluye su historicidad.

Y una tercera línea, se centra en la construcción de los procesos sociales (Gergen, 169-182) cómo por ejemplo ¿a través de qué procesos, un colectivo humano logra la comprensión de la necesidad de preservarse del sida?, ¿por qué  y cómo se produce la falta de comprensión? , ¿de qué modo es factible vencer resistencias y lograr el cambio de actitudes? 

 

3. La deconstrucción y el trabajador social

El Trabajador Social se enfrenta en la mayoría de los casos, con el problema instalado y en una trayectoria dinámica, el que generalmente  es presentado  por los involucrados o afectados, a través de la conversación que él TS va construyendo progresivamente,  desde relaciones de confianza y credibilidad. Conversación que se facilita cuando nos acoplamos a los dispositivos que vienen siendo, que existen y que ya están en movimiento. Así comienza –para nosotros, el proceso de investigación con la deconstrucción (en el marco de nuestra inserción, nuestro proceso de conocer haciendo - conocimiento en acción) para visualizar y describir ¿cómo el problema ha llegado a configurarse? ¿cómo lo significan sus protagonistas? ¿cómo vienen accionando?¿como visualizan sus recursos, si es que los visualizan?

La deconstrucción es para nosotros, una exploración y comprensión a la vez,  a fin de crear nuevos significados  y una nueva narrativa, conversando con los implicados en el problema, no influida (en lo posible) por lo preconcebido por el Trabajador Social (suposiciones y presupuestos) Más que su saber, miramos la interpretación que hace, a medida que se desenvuelve la narrativa.

La deconstrucción se funda y vive en un proceso dialogal. Como señaló Gergen, “las exposiciones narrativas no son réplicas de la realidad, sino dispositivos a partir de los cuáles se construye la realidad. En una situación de encuentro, a través del discurso se despliega la narración en la que se cuentan los hechos como proceso en desarrollo, en el que se explica la relación entre acontecimientos, autorrelevantes a través del tiempo.

El relato en sí, no es verdadero ni falso, es una deconstrucción de los acontecimientos. Hay que verlos insertos en diversas formas de relación y en el contexto: contextualizar el relato. Es verdadero para ellos porque ven el mundo de ese modo. El Trabajador Social debe prestar atención al discurso, al juego interaccional, al contexto social, al cómo resuenan los acontecimientos, al dónde se quiere llegar, a las soluciones ensayadas, a los dispositivos de cooperación genuinos en movimiento y al potencial existente para superar la situación problema. Nosotros agregamos especialmente, que debemos prestar atención a los dispositivos cooperativos en movimiento, preexistentes a la llegada de los equipos. (Bertucelli, 2006)

Esto hace necesario que en la deconstrucción utilicemos los procedimientos de distinguir  describir, comprender, significar, explicar. No es una elaboración de diagnósticos, concepto que por otra parte hemos erradicado de nuestro ejercicio profesional por su vinculación con la medicina y con la enfermedad. Además porque cuando el profesional diagnostica, generalmente, borra el contexto en el cual se construyó el problema y pone el acento en la carencia, lo anómalo, en la patología, en la enfermedad, en lo que el pueblo no tiene y le falta. Utiliza diagnósticos de patología para conectarse con el pueblo desde la carencia del otro y erigirse como el salvador o la solución. Alimenta su omnipotencia “él tiene el problema y yo la solución”.

La deconstrucción es un proceso de destruir, desestructurar, des-sedimentar lo construido, a través de la conversación. El observador establece distinciones al observar. Distinguir es una operación necesaria para precisar el problema fundamental, ¿quiénes son los sujetos  involucrados?, ¿cómo cada uno crea realidades diferentes?, ¿como cada uno plasma la experiencia de los demás? ¿cómo encadenan sus narraciones, para así poder organizar los hechos, poder describirlos y comprenderlos?.

Como señalaron Goolishian y Anderson (1994, 296) “significar determinados hechos implica narrar una historia” la que guiada desde “el no saber” del trabajador social y mediante preguntas, permitan el ingreso a sus subjetividades, arribar a una transformación de la historia y del presente, ya que el cambio es una nueva historia más aceptable que la anterior. Comprender es situar el problema, un acto, en un contexto de acontecimientos precedentes y consecuentes.

Hay que tener en cuenta que no es fácil narrar algunas historias por dolorosas cuando no verdaderamente siniestras. Que no hay personas, grupos o comunidades resistentes al cambio por naturaleza. Que son condiciones estructurales que les afecta y que en muchos casos, como en el de los aborígenes, tienen siglos de antigüedad, lo que determina la apatía, el silencio, la indiferencia, el conformismo, actitudes que aparecen como resistencia, tendientes a fijar o estabilizar una distancia óptima entre lo viejo vivido como lo “de siempre” y lo nuevo vivido como inseguro. Intentar abruptamente suprimir lo viejo-lo antiguo-lo histórico lleva al fracaso cualquier práctica. La crisis que provoca la demanda del trabajador social, es el motor que puede impulsar el cambio.

Hay que tener en cuenta que, ante cualquier hecho, la acción de los sujetos, generalmente emocional, dependerá de la definición que hacen de la situación y como emergente de un contexto relacional. Su lógica casi siempre no se corresponde con la lógica del profesional. Ellos narran con una interpretación de su conducta, con sus ideas sobre lo que les está pasando, lo que están haciendo y por qué lo hacen. Todo lo relatado tiene que ver con su red intersubjetiva, característica de la matriz social en que las personas se encuentran y actúan: valores y formas  de ver el mundo, roles, normas sociales experiencias de vida, todo lo que tiene que ver con su cultura, con su complejo de símbolos que fijan la visión del mundo articulado en el seno del lenguaje que tiene un grupo social  (Mc Carthy, 1992, 178)

En cuanto a las técnicas mencionadas, la entrevista y el grupo de discusión focal, se convierten en instrumentos fundamentales. Nosotros consideramos que la conversación grupal espontánea, recurso cotidiano, mediada por relaciones de confianza, de credibilidad profesional, contribuyen también al acceso a la información y a la comprensión del problema, y los significados otorgados por sus protagonistas.

Kisnerman y García (1982, 96-97) habían afirmado que la entrevista es como una conversación en la que la pregunta del trabajador social moviliza una respuesta explicativa y esta se convierte en una nueva pregunta que genera recursivamente, un movimiento espiralado que va desde la apariencia a lo que el problema es.

¿Qué otra cosa son nuestras entrevistas y nuestras reuniones grupales, sino conversaciones  sobre la cotidianidad en la que los hechos ocurren?

La conversación grupal espontánea o decidida por sus participantes en el contexto de trabajos de interés comunitarios compartidos (grupo focal)  es el mejor medio para la investigación, en tanto inserta a los participantes en el proceso en el que se analizan un repertorio de cuestiones. En este grupo de discusión, el discurso es motivado o emerge desde las necesidades sentidas. Como dice Jesús Ibáñez (1979, 266), hay una “pro –vocación explícita del investigador que pro –pone el tema y el encuadre. Instituido el tema y abordado por el grupo”, éste produce la historia también cuando por iniciativa propone temas a tratar en reuniones junto al equipo. Es un proceso de construcción que, como intercambio  conversacional, va desde abajo hacia arriba. El trabajador social acompaña el análisis y la interpretación, dirigidos a la situación de producción del discurso a medida que éste se va produciendo, sin un diseño cerrado, sino abierto al azar, “porque siempre hay un sujeto en proceso que refleja ese azar y lo transforma en sentido”

Este grupo, al remover la afirmación de verdad de la discusión, remueve las bases ideológicas y motivacionales que como obstáculos le impiden el acceso a una situación superadora.

El trabajador social debe hacer que la práctica cotidiana sea un acto de aprendizaje a partir de la constante reflexión en la conversación. El material de trabajo, dice Kenney (1987, 214) “son las historias que vive la gente, así como la historia que crean acerca de esas historias” El Trabajador Social   realimenta la conversación.

El valor de nuestro discurso está en la competencia para establecer relaciones satisfactorias. Solo a partir de ellas se puede llegar a saber cómo se ha llegado a lo que hoy es producto. Su análisis tratará de dilucidar qué esconde detrás y, así el trabajador social también construye su propia historia como respuesta

 

4. Técnicas y procedimientos.

Las técnicas que utilizamos son muchas. Señalamos aquí las más frecuentes: observación participante es decir conocer mientras se participa de los dispositivos en movimiento, entrevistas con guiones, historias de vida, análisis del contenido, grupos de discusión focal, sociometría y dinámica de grupos, audiovisuales, fotografías, colagges. Nosotros desde nuestra práctica utilizamos la entrevista antropológica (Guber, 2004 p.203) en las modalidades que la autora la plantea.

En lo que respecta a  procedimientos, sobre todo los de análisis y síntesis, en tanto permiten separar transitoriamente los elementos que componen el objeto y describirlos y luego reintegrarlos a su totalidad para explicarlos; de inferencia inductiva: a partir de varios casos particulares, sacar conclusiones, de evaluación para determinar resultados y los medios utilizados de registro y de sistematización de la práctica para producir elaboraciones conceptuales.

El construccionismo no ha inventado técnicas, pero  a diferencia del empleo que hace la ciencia tradicional, el científico que las aplica desde el construccionismo está incluido en la situación observada, por lo tanto también debe observar cómo  observa lo observado; no las usa para garantizar la validez de la teoría, sino para construir la vida social, desde adentro.

Nosotros hace tiempo que aprovechamos los momentos conversacionales espontáneos que se van construyendo durante el momento de inserción,  “conocer haciendo”. También en el trabajo con la vecindad utilizamos intervenciones como el chiste, juegos, pues permiten crear un clima favorable al  trabajo, al  encuentro  entre  las  personas  y  mostrar  tanto actitudes como representaciones que se tienen sobre algún aspecto de la realidad: la gente mediados por la relación de confianza, por la tarea compartida,  por la  credibilidad que van construyendo con los equipos se va mostrando como es. Un colagge oportuno de recortes de revistas y periódicos, con preguntas de ¿cómo se vive aquí en este barrio? O ¿cuanto cuesta comer y qué se come por día en este barrio? puede decirnos más que una detenida investigación cuántica. El colagge abre  las posibilidades  para trabajar distintos temas que surgen a partir de su análisis. Y esa discusión- conversación -intercambio hace que el grupo sea focal y nos permita categorizar determinadas variables y planificar consecuentemente con los participantes. Ellos pasan de ser  objetos investigados a  sujetos investigadores. El diálogo con los  saberes y prácticas culturales,  la filosofía, el arte, especialmente la narrativa literaria, el dibujo, la pintura y la poesía, la religiosidad popular, siempre nos ha dado óptimos resultados para trabajar desde los espacios institucionales y comunitarios.

En el proceso de deconstrucción el trabajador social debe estar atento a la interacción discursiva cuya unidad de análisis son los enunciados (Batjin, 1985) que son acontecimientos  de palabra que establecen una relación de refracción  respecto de la situación interaccional donde se produce y del contexto social en el cuál emerge. De este modo el TS debe prestar mucha atención a las descripciones, a las comparaciones, el uso de metáforas,  a los relatos de vida, vivencias, relaciones, normas, procesos de la vida social. Siempre pensando que en el análisis por ejemplo,  podemos utilizar la modalidad hermenéutica  que consiste en descubrir los significados que transmiten las personas que relatan sus vida, sus experiencias, su visión  del mundo.

 

 

4.1.  ¿Negamos el uso de técnicas cuantitativas?

- SI Y NO.

Si, en tanto sean utilizados como procedimientos autoritarios al servicio del control, lesivos a la dignidad humana, fundados en el poder de los investigadores de exigir respuestas a sus encuestas. Ya Foucault (1982,227)  había señalado el “terrible poder de la encuesta como poder de captura y de discriminación desde los tiempos de la inquisición, pasando por los procedimientos fiscales y judiciales, en el contexto de la moral, etc. 

No, si las utilizamos como complementarias y solo en casos puntuales. Como muchas veces ha señalado Kisnerman en anteriores publicaciones, la encuesta proporciona información sobre una realidad de hoy, realidad que mañana  ya es otra. Y lo estadístico arroja poca luz sobre la comprensión del comportamiento social. Sin embargo podemos aceptar lo cuántico, siempre que pueda aportar a la cultura, a la lucha contra la pobreza.

En este sentido el filósofo Ricardo Forster (2006) nos contaba durante nuestro cursado de la Maestría en Trabajo Social (UNER) que en un pueblo de tres habitantes había tres vacas. Un censo afirmaba contundentemente que en dicho pueblo existía una vaca per cápita, por lo tanto la situación estaba bien pues había una vaca para cada poblador. Lo que el censo (fiel representante de la estadística) no daba cuentas es que en ese pueblo, uno de los habitantes tenía mucho poder y se comía las tres vacas. Aquí vemos la poca luz, que acerca lo estadístico en la comprensión del comportamiento social.

 

4.2.  Y en el grupo, ¿Qué se  busca conocer?

Todo lo que sea posible y seamos capaces de conocer, ya que todo aquello es y puede ser significativo tanto para el conocimiento de sus miembros y del grupo totalidad, como de sus necesidades y de las constantes que se dan en él y definen sus atributos (cómo llegan, cómo se ubican en el espacio, el emergente de apertura, cómo se comunican, los emergentes la adjudicación y asunción de roles., la toma de decisiones, la estructura que adoptan, como se presenta la dinámica grupal, etc.) Este tema será tratado en profundidad en la segunda parte de la ficha 6.

 

4.3. ¿Cómo se  conoce?

Desde la teoría-práctica y preferentemente con técnicas cualitativas, lo que nos permiten aproximaciones sucesivas, acercarnos a las situaciones y problemas grupales. Dudando, cuestionando, oponiéndose al pensamiento lineal en el que una cosa sucede a la otra, para dialécticamente identificar las contradicciones y sus movimientos, ya que ellas operan como fuente de desarrollo de todo el proceso. El análisis permite precisamente captar los nexos entre los hechos, elementos, relaciones y condiciones en el grupo y los nexos entre éste y el contexto, para configurar por síntesis el todo grupo. Se indaga desde los hechos mismos, comprometido en ellos, siendo las fuentes de datos, la teoría, la experiencia anterior y el propio grupo con el que trabajamos.

 

4.4. ¿Para qué se conoce?

Para interpretar, comprender y transformar la realidad, interpretar y comprender a sus involucrados, a nuestros equipos y a nosotros mismos, desde un conocer no aséptico, no es un fin en sí mismo, sino un medio. No se conoce por el solo hecho de conocer, se conoce para la vida social. Investigar es acción profesional transformadora, a partir de la formulación de un objetivo, la elección de alternativas de acción y la ejecución planificada de  un  trabajo  de campo compartido con el pueblo, cuyas conclusiones van a insertar los conocimientos en la teoría y determinar qué procesos sociales requieren ser investigados, con lo cual se produce la realimentación del proceso metodológico y el avance del conocimiento científico.

Planteamos la acción profesional como una interacción transformadora ¿para qué?

·         para acceder al conocimiento sensible de los motivos y razones de determinados comportamientos.

·         para señalar e interpretar esclareciendo lo que sucede en el grupo, institución o comunidad

·         para desestructurar comportamientos estereotipados y vencer resistencias al cambio.

·         para facilitar la reapropiación proyectos y  del proceso grupal a los miembros.

·         para acompañar un proceso de enseñanza y aprendizaje permanente

·         para formular enunciados probabilísticos

·         para planificar conjunta y estratégicamente las actividades que respondan a sus necesidades

·         para lograr un nivel de conceptualización en el abordaje, análisis de un tema o problema, elaboración de análisis de situación grupal, informes, etc.

·         para asegurar la participación operativa y comprometida: protagonismo compartido

·         para desarrollar creatividad en las respuestas

·         para visualizar procesos y resultados en términos de tarea y de comportamientos.

·         para producir teoría a partir de la sistematización.

·         para evaluar el proceso y efectuar los ajustes necesarios que permitan el logro de los objetivos.

·         para construir junto a los miembros del grupo, una organización grupal idónea en la ejecución de sus proyectos.

·         para generar y fortalecer valores que eleven la calidad de vida de sus integrantes y afirmen nuestra vocación por la democracia.

·         las dos variables que introducimos en el grupo para modificarlo, son juegos y la reflexión que suscita la interpretación y el señalamiento. También la tarea que decide el grupo opera como tal. Mediante  la participación de todos los miembros del grupo, ellas deben producir una transformación llevando a los miembros desde su cerrada individualidad al nosotros grupal, y al nosotros comunitario. Finalmente  precisar las consecuencias producidas (variables dependientes) conforma una evaluación, que no es axiológica (hubo una buena concurrencia a la reunión). Ese “buena” no dice absolutamente nada, acerca de por qué acuden a la reunión), sino una explicación acerca del como se llegó a tales resultados (procesos)

 

5. La Deconstrucción. Grupo en Comunidad

Ya nos referimos a la importancia de los grupos en la investigación y en la intervención, estamos plenamente de acuerdo sobre ello. En este sentido, el mandato académico y de las instituciones de las políticas sociales parece ser “¡id a las comunidades o barrios y conformad grupos, organizadlos y  promovedlos” Frente a este mandato emergen las preguntas que acosan a nuestros  alumnos durante sus prácticas y también a nuestros equipos de profesionales en comunidad son: ¿cómo llegamos a los grupos?¿cómo llegamos a conformar los grupos?¿cómo hacemos para que la gente se agrupe?.

La repetida respuesta de supervisores que emerge es: debemos insertarnos, desarrollar estrategias de permanencia en instituciones locales, relacionarnos con la gente, conocerlos y conocer sus problemas, convocarlos a una reunión a partir de sus necesidades e intereses comunes, desarrollando el abordaje metodológico consabido en las aulas o gabinetes.

Como proceso solo discurseado desde ámbitos académicos, el camino por recorrer resulta coherente,  pero se complejiza cuando en el campo de la acción, los equipos se ven desbordados por la vida cotidiana en movimiento, pues acuden al campo con prácticas abstraídas de las relaciones sociales vigentes, descontextualizadas social, cultural,  política, ideológica e históricamente, y como refiere Bertucelli “pierden la brújula y se les queman los libros”

Para el proceso de deconstrucción, momento de primeras compresiones de la realidad mientras vamos conociendo, considero necesario que el lector retome algunas referencias conceptuales utilizadas en nuestros trabajos y descriptos en fichas anteriores: espacio local, barrio, comunidad, vecindad, vida cotidiana, que integrados a los de práctica cultural, cultura, mirada interculturalidad, (Mamaní, 2009, 49-66) que ofrecen elementos y categorías de análisis para descifrar y comprender ¿cómo se fueron construyendo los problemas?

De este modo, cuando trabajamos  con dispositivos grupales en comunidad, si  elegimos vida cotidiana, a partir de definirla desde un paradigma dado, podemos abarcar, entre otros asuntos; cómo se presenta un espacio local determinado, qué características tiene ese espacio, cómo se organiza, cómo es vivida tal o cual problemática, cómo se presentan los hechos o acontecimientos,  como viven,

Esto tiene que ver con:

·         ¿cómo se manifiestan, codifican y significan las necesidades?

·         ¿cómo se las aborda, con qué medios y las estrategias que se utilizan para satisfacerlas, con qué resultados?,

·         ¿qué producen los sujetos, cómo, con qué medios, con qué nivel de inserción en el proceso productivo?

·         ¿cómo es la familia y cómo su organización interna?

·         ¿de donde provienen y cómo se insertaron en el barrio?

·         ¿qué tipos de casas habitan?

·         ¿donde efectúan sus compras?

·         costumbres alimenticias

·         ¿qué medios de comunicación social utilizan y qué tipo de noticias le interesan más?

·         ¿qué hacen en sus tiempos libres?

·         ¿qué medios de transporte utilizan con más frecuencia?

·         ¿cómo se relacionan con los vecinos?

·         ¿cómo se relacionan con las instituciones, especialmente las educativas y las sanitarias?

·         ¿cómo se organizan para satisfacer necesidades compartidas en el barrio? ¿qué dispositivos de cooperación preexisten a la llegada de los equipos?

·         ¿qué  respuestas barriales se ensayaron  frente al problema?

·         ¿como se percibe el  papel de la mujer?

·         ¿cómo se percibe el  papel de los ancianos? etc.

 

Esto apunta a captar qué lecturas hacen de sus condiciones de existencia y los problemas, las personas que viven en un barrio. Reiteramos que estos asuntos o subtemas van surgiendo del contacto personal con los miembros de un futuro grupo, de un grupo formado y con los habitantes del barrio, mediados por relaciones de confianza. También de los consiguientes registros en informes y cuadernos de campo. Creemos que allí radica la importancia del conocimiento del espacio local, para el nivel de intervención grupal.

 

5.1. ¿Con qué manifestaciones grupales nos podemos encontrar en el trabajo comunitario?

 

Urbano y Yuni (2006, 33) nos dicen que los autores han elaborado diferentes maneras de clasificar a los grupos sociales, a partir de la consideración de algunos de sus atributos constitutivos. Cooley  en 1909 elaboró una clasificación teniendo en cuenta el grado de influencia que ejercen los procesos de socialización realizados en el seno de los grupos sociales sobre la personalidad del sujeto. De acuerdo a ello refiere a: grupos  primarios y secundarios, formales e informales. Merton en 1956, teniendo en cuenta el grado de identificación que logran los individuos indica que los grupos pueden ser de pertenencia  y de referencia.

Cartwright y Zander (1970) según los procesos de integración presenta una clasificación: grupos de formación espontánea, grupos de formación deliberada y grupos de designación externa.

Di María y Falgares (2008) desde otros criterios presentan diversas clasificaciones como grupos heterogéneos y homogéneos, temporales y duraderos, autocentrados y heterocentrados. También hablan  que de acuerdo a los objetivos, nos encontramos con grupos de discusión, de decisión de información, de investigación de apoyo, de orientación, de prevención, etc.

Liliana Amaya (2003,31) nos presenta también a los grupos resistentes basada en la capacidad de aquellos grupos para derrotar equipos de coordinación.

Nosotros consideramos que durante el proceso Inserción-Deconstrucción (“conocer haciendo”) los equipos pueden encontrarse-sin prescindir de las anteriores clasificaciones, con  series,  individualidades en procesos de formación grupal (que algunos llaman grupos preformados) y grupos con experiencia en acciones de interés vecinal o comunitario.

 

La Serie: en el pensamiento de Sartre, la serie es la forma primera, es el fundamento de toda socialidad. En la serialidad hay una pluralidad de soledades, soledad como imposibilidad de unirse con los otros en una totalidad orgánica, como relación de exterioridad, como negación provisoria  de las relaciones recíprocas con los otros, como reciprocidad negativa dada por la relación de alteración externalizada, no internalizada (con el otro). Hay intercambiabilidad entre los miembros de una serie, cada uno es sustituible por otro, equivalente. Para Sartre la serie es un modo de ser de los individuos los unos en relación con los otros y en relación al ser común. Así el primer tipo de socialidad, es la reunión inerte en un colectivo, con estructura de serialidad.

 

Individualidades en proceso de grupalidad: aquí consideraremos a aquellos sujetos que están transitando los primeros pasos hacia la consolidación como grupo. Es decir  aquellas individualidades que se  identifican,  se conectan, se reúnen en un tiempo y lugar, comparten sus necesidades comunes y se encuentran buscando un camino a transitar, una trayectoria a seguir, un plan de acción posible para construir respuestas a  tales necesidades. En nuestras prácticas de co-visión y asesoría grupal nos hemos encontrado con familiares de personas con alguna discapacidad, con pacientes con VIH-SIDA y sus familiares demandando orientación sobre caminos posibles para construir grupos de ayuda mutua, vecinos para realizar emprendimientos productivos. En ambos casos sus integrantes se identificaron, se conectaron,  organizaron sus primeras reuniones, compartieron necesidades, ideas y solicitaron nuestra orientación profesional. Se puede observar en ambos ejemplos que los integrantes ya vienen transitando su historia común, reuniéndose y buscan orientación para consolidarse como grupo en relación a una tarea concreta.

 

Grupos con experiencia en acciones de interés socio-comunitario: consideramos aquellas formaciones grupales  ya consolidadas. Formaciones con trayectorias exitosas  en construir respuestas a las necesidades y objetivos que los convocó, con experiencia en la organización, ejecución y evaluación de acciones de interés común. Ese gran capital experiencial se pone o no, de manifiesto cuando se encuentran con equipos foráneos, por ello consideramos importante conocer dicha trayectoria  grupal para no ensayar soluciones erróneas desde los equipos externos.

Consideramos que más allá de cualquier clasificación  conceptual de las formaciones grupales es de seminal importancia; poder identificar ¿con qué tipo de formaciones nos encontramos interactuando en las instituciones o barrios? Aquí se presenta el desafío de leer permanentemente, nuestras interacciones, nuestros encuentros con la gente, a la luz de nuestros esquemas conceptuales referenciales

 

Con  Redes.  Otra Perspectiva posible.

Cabe aclarar que desde otra perspectiva de trabajo comunitario (con la que se puede complementar) el trabajador social y los equipos que integra pueden encontrarse con “redes sociales personales” o “redes sociales significativas” y trabajar desde y con ellas. Resonando lo expresado por Gregory Bateson: que las fronteras del individuo no están limitadas por su piel sino que incluyen a todo aquello con lo que el sujeto interactúa, -familia, entorno físico, etc., podemos agregar que el sistema de relaciones significativas del individuo no se limitan a la familia nuclear o extensa, sino que incluyen a todo el conjunto de vínculos interpersonales del sujeto: familia, amigos, relaciones de trabajo, estudio, de inserción comunitaria y prácticas sociales. Este nivel intermedio de la estructura social resulta crítico para una comprensión más acabada de los procesos de integración psicosocial, de promoción del bienestar, de desarrollo de la identidad y la consolidación de potenciales de cambio, y complementariamente, ilumina también los procesos de  desintegración psicosocial, de malestar, del enfermar, de trastornos de la identidad, y de perturbación de los procesos de adaptación constructiva y de cambio. (Sluzki, 2002, 37)

 

6. La Convocatoria en Comunidad

En este apartado consideramos importante incorporar algunas reflexiones y críticas al enfoque grupal en comunidad, sobre todo los aportes de Sebastián Bertucelli. A partir de allí tomaremos un posicionamiento frente al título que nos ocupa: la convocatoria.

Desde el enfoque de redes comunitarias, Sebastián Bertucelli refiere que comúnmente los profesionales de salud y educación comunitaria,  cargan con la obsesión de convocar a la gente, lo que en la práctica implica extraer, separar, aislar a los pobladores de sus sistemas cotidianos y traerlos hasta las instituciones a reuniones grupales. Estos equipos tratan de empezar de cero (olvidando la historia) pues el grupo es tomado como un dispositivo fundante, con el grupo organizado por los equipos, comenzaría todo. Los profesionales o equipos técnicos imponen las reglas de juego, establecen el tiempo, espacio y forma de participación. La gente, el vecino/a  aporta en este enfoque de trabajo su disposición a ser organizada por los equipos externos, sin arraigo en la comunidad. Equipos que no llegan para quedarse, llegan para irse lo antes posible, volverse al refugio del consultorio, las oficinas, las aulas.

Nuestra experiencia nos lleva a reconocer que Bertucelli tiene mucha razón en sus expresiones, pues vimos operar de este modo a  muchos equipos profesionales de Centros Integradores Comunitarios, de Centros de Desarrollo Infantil, Puestos o Centros de Salud, Escuelas, Equipos Profesionales de los diferentes ministerios, municipios,  etc. Ello no significa que todos los equipos operen de la misma manera.

Al respecto aceptamos algunas sugerencias y críticas, producto de la experiencia de Bertucelli

1)       el dispositivo grupal  es un dispositivo generalmente artificial, impuesto por equipos institucionales (Escuelas, Parroquias, Centros de Salud, Vecinalistas, etc.) y practicantes de instituciones académicas, cuya continuidad en el tiempo corre peligro cuando tales equipos o practicantes dejan el campo. No garantizan la necesaria continuidad en el tiempo, requisito fundamental para abordar problemas sociales de magnitud. Es posible además, que el grupo como dispositivo de trabajo tal cual es pensado y operado desde equipos y estudiantes, no forme parte de la vida cotidiana de la vecindad.

2)       Al imponerse este dispositivo artificial, se estaría ignorando, obviando y descalificando otras prácticas  o soluciones ensayadas por las poblaciones, quizás más operativas que el mismo dispositivo grupal. Por ello quizás, el grupo no permita el aprovechamiento de todos los recursos comunitarios intergeneracionales indicados en el problema.

3)       El dispositivo grupal trabaja “cara a cara” en círculo, en nudo y corre el riesgo de transformarse en una unidad de cambio cerrado, “y no abierto al mundo”. Es decir no nos abre a la posibilidad de nuevos contactos hacia el interior de la población quedando encerrados en círculos de conjuntos restringidos de personas: el grupo.  (Bocco -Bertucelli,1997) Lo que implica un proceso lento,  hacia la cobertura total.

4)       Además muchas experiencias grupales en comunidad e instituciones, llegan a un momento en el que por tediosas, aburridas, poco motivadoras e interesantes, en lugar de convocar genera el efecto contrario, la deserción progresiva de sus integrantes.

Leyendo o escuchando al apasionado Bertucelli, se puede pensar que el trabajo grupal en comunidad debería ser reemplazado por el enfoque de redes lisa y llanamente, es decir dejar de hacer reuniones, pues la gente no vive en grupos sino que  vive en redes.  Dejar de hacer reuniones grupales  significaría no convocar y el grupalista entraría en severa crisis.

Nosotros desde nuestras prácticas comunitarias consideramos y seguimos sosteniendo que se tratan de enfoques de trabajo que pueden complementarse y ser, como nos enseñó Bertucelli, según las circunstancias “alguno de ellos figura y el otro, fondo”. Con esto queremos decir que en nuestras prácticas  y siguiendo lo vertido por Bertucelli, “el problema manda”, es decir que el problema quizás exija ser trabajado en el contexto comunitario, desde el dispositivo grupal o desde el dispositivos de redes comunitarias. O quizás podamos incursionar en una necesaria complementariedad, siempre abocados a la construcción conjunta con la gente, de respuestas equivalentes a los problemas.

Seguramente el debate con el citado autor puede transitar por diferentes matices y dimensiones, no es el objeto de este apartado. Solo quisimos que el lector- alumno, conozca una de las visiones críticas sobre el dispositivo grupal en comunidad.

Nuestra cátedra, siguiendo la perspectiva de una posible complementariedad, y desde nuestras prácticas  invitamos al lector a remitirse a los siguientes artículos:

 

                                   
           
           

-         Del Cueto, Ana María (2003) “Grupos, instituciones y comunidades”, Lugar Editorial, Págs. 117-131.

           

-         Montero, Maritza (2006) “Hacer para transformar”, Editorial Paidós, Págs. 216-225.

           

-         Nuestros trabajos que obran en el Anexo Sistematización de Experiencias de la Unidad 6. “Construcción del conocimiento en TSG”

           

 

           
           
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Artículos que dan cuenta de las posibilidades diversas de trabajo en comunidad, desde dispositivos  grupales y/o dispositivos en  redes comunitarias.

 

6.1. ¿Y entonces, organizamos y convocamos a  reuniones o participamos de sus reuniones?

       ¿Cómo llegar a sus reuniones o encuentros vecinales?

 

Aquí, evitaremos  teorizar sobre la convocatoria desde conceptos elaborados por otros como loros repetidores, ni desde discursos macros que no nos involucran, vamos a intentar construir recomendaciones y sugerencias desde nuestras prácticas locales situadas y publicadas, donde co-construimos y participamos de dispositivos de trabajo, con la gente de nuestros barrios.  Vamos a poner en juego nuestra palabra y experiencia.

Consideramos oportuno reafirmar que nosotros preferimos antes de todo, construir relaciones de confianza y credibilidad en el proceso de inserción: desde el acople funcional en acciones colaborativas a los dispositivos de cooperación existentes y en movimiento, como refiere Bertucelli (2006). Desde ese conocer haciendo vamos aprovechando estratégicamente las oportunidades de conocer la dinámica vecinal, sus temas de conversación, sus intereses, sus ritmos, sus ocupaciones, el uso del tiempo libre y sus festejos, el trabajo, el hogar, sus modalidades de relaciones de amistad, sus reuniones o donde “se juntaban para hacer, charlar, o festejar”. “A veces nos juntamos en casa de la María o de la Estela, otras en casa de la Berta, donde se podía porque a veces la familia o por el marido, no se puede”, nos contaban unas vecinas durante el proceso colaborativo en el cual nos insertamos.

Hasta aquí, los objetivos de la inserción-deconstrucción: conocer haciendo, interpretar acciones y discursos, comprender la realidad en la que nos vamos insertando, desde la perspectiva de los actores, ES POSIBLE  sin organizar nosotros las reuniones ni convocar nosotros a los vecinos.

La confianza y credibilidad  que íbamos ganando en nuestras acciones colaborativas, nos fue llevando a que las vecinas del barrio “nos inviten a algunas de sus reuniones, de sus encuentros, de sus juntadas” y allí encontramos la oportunidad de compartir, escuchar, participar, aportar sugerencias y visualizar posibilidades de trabajos compartidos frente a los problemas  familiares y comunitarios.

Como se puede observar, en este caso el equipo de trabajo, no organizó ni convocó a reuniones por el contrario, desde relaciones de confianza: llegó invitado a las reuniones de la gente. Reuniones o encuentros cotidianos, que forman parte de la dinámica vecinal, no es-en este caso- un dispositivo foráneo, impuesto de arriba para abajo o desde afuera hacia el barrio.

 

6.2. ¿Se convoca? ¿Quién y cómo se convoca?

 

Para nosotros el debate no termina en ¿si se convoca o no?, ello está condicionado por la característica y la magnitud del problema que se pretende abordar y por ende la respuesta que se busca construir.

 

a)       En nuestras experiencias nos tocó convocar a nosotros como equipo, utilizamos volantes, informamos a líderes vecinales, a responsables de las instituciones locales, a personal del puesto de salud, por la radio,  etc., como si ello garantizaría que el mensaje llegue, sea interpretado como nosotros deseábamos y que la gente concurra masivamente. Lo hicimos también desde nuestras interpretaciones del problema y la respuesta, en soledad. Sin haber construido relaciones de confianza, apurados convocamos con conocimientos incipientes sobre los problemas y el sentido otorgado por los actores, desconocíamos la vida cotidiana, sus soluciones ensayadas y los recursos comunitarios. No identificamos sus dispositivos cooperativos en movimiento, y encima decidimos hacerlo  en soledad omnipotente, con escasa participación de la vecindad. El resultado fue un contundente fracaso, el número de profesionales superaba en las reuniones, al número de vecinas concurrentes. En síntesis, reproducíamos el modus operandi  de los equipos de las instituciones y equipos que llegaban al barrio de vez en cuando.

b)       Decidimos entonces, en aquellos encuentros cotidianos con las vecinas a los cuales íbamos integrándonos progresivamente, en razón de la confianza ganada y de las acciones colaborativas;  re-conversar y co-construir respuestas conjuntas a los problemas priorizados por la vecindad. Estos problemas nos llevaron a tematizar con la vecindad sobre la importancia de una reunión donde pudieran participar otras vecinas conocidas por ellas que estaban atravesando similar dificultad familiar. El problema y la respuesta posible, nos llevó a re-pensar la Convocatoria.  Había que convocar, y para este caso las vecinas con quienes habíamos pensado, diseñado la respuesta al problema priorizado, asumieron un rol protagónico: ellas decidieron convocar a sus conocidas desde sus redes socioafectivas. Además se encargaron de montar todo el dispositivo de la reunión, gestionaron el comedor municipal como lugar de la reunión, ornamentaron el salón, prepararon chocolate y pan casero, invitaron casa por casa en sus tiempos libres y disponibles para ello. En este caso ellas fueron figura y nuestro equipo fondo. El número de participantes, fue sorprendente para el equipo, para ellas fue una situación a la que estaban  acostumbradas, toda vez que tenían que hacer “algo para las familias del barrio”.

c)       En otras ocasiones, a solicitud de las vecinas, los técnicos concurrimos en aquellos horarios que la gente diseñaba para hacer la convocatoria (horarios que no siempre coincidían con nuestros horarios laborales) “vengan con nosotras, así la gente los conoce, nosotros los presentamos y les decimos que son de confianza. Pero en el horario que nosotros decimos, no el que ustedes quieren.  Además si los doctores van con las vecinas, es otra cosa. No es común ver que los profesionales anden con la gente por el barrio”

d)       En otra oportunidad utilizamos tarjetas de invitación confeccionadas entre integrantes del equipo y las madres de un ropero comunitario que entre tarjeta y tarjeta decían: “las hagamos bonitas, como esas que se hacen para las comadres en carnaval o para los cumpleaños, a la gente le gusta así. Sienten que son importantes y vamos con los profesionales a entregarles casa por casa y  hasta te van decir ¿qué llevamos? Dejamos la tarjeta y después nosotros pasamos un día antes a recordarles.” (Lic. Etchecolánea, Candelaria, 2007, Informe Final de Residencia. Jujuy). La citada profesional  realizó trabajo grupal en comunidad en la temática de salud sexual y reproductiva, con vecinas del Barrio La Esperanza, articulando acciones con madres de un ropero comunitario, quienes desde sus redes socio-afectivas en el barrio de residencia y barrios lindantes, realizaron la convocatoria exitosa. Las reuniones se realizaron en comedores barriales, en el ropero comunitario y en domicilios particulares, lugares propuestos por las vecinas y que estaban disponibles. El trabajo se extendió durante el mes de Septiembre (04 reuniones) y como una de las recomendaciones de la profesional fue que “la experiencia grupal intensiva en comunidad no debe ser extensa ni intrusiva, tampoco debe interrumpir en lo posible la vida cotidiana de sus protagonistas, por ello es que los lugares y los tiempos de “juntarse” son decididos por ellas, no por mi como coordinadora, finalmente yo me adecuaba a tales circunstancias, concurriendo muchas veces los fines de semana, en tiempos y lugares que la gente disponía”

 

Hasta aquí, hemos expuesto nuestra palabra y experiencia, a modo de respuestas perfectibles en el tema de la convocatoria. Esperamos haber ilustrado de alguna manera esbozos de respuestas y posibilidades al presente tema.

 

 

 

 

 

 

 

TRAYECTORIA DE UNA DECONSTRUCCION.

GRUPO  EN COMUNIDAD[1]

 

En éste anexo, no voy a desarrollar lo que Natalio Kisnerman desarrolla con maestría sobre el proceso metodológico, sino que trataré de ilustrar sus expresiones teóricas – metodológicas con un ejemplo de mi ejercicio profesional actual a nivel grupal,  en el marco de un proyecto comunitario.

Durante el primer año de inserción en el Barrio La Esperanza de ciudad Perico, y mientras peregrinábamos el terreno conociéndolo, llegamos al Ropero Comunitario a través de una  “persona llave”, una de nuestras promotoras de salud, residente de muchos años  en uno de los barrios lindantes a La Esperanza. Además, ella era  visitante cotidiana a dicho ropero para intercambiar prendas de vestir. Ella nos acompañó y nos presentó, a partir de allí comenzamos nuestras visitas periódicas a las “chicas del ropero” un grupo con experiencia en acciones de interés sociocomunitario.

Nuestras visitas tenían como objetivos: visitar, conversar, conocer en profundidad la vida cotidiana y  darnos a conocer,  dar a conocer nuestro trabajo en el barrio y solicitar colaboración (el arte de pedirles ayuda a quien supuestamente vamos a ayudar) para la atención domiciliaria como Equipo de Salud. Nuestras visitas no tenían una planificación a priori, si una intencionalidad clara. En esas visitas comenzamos a conocernos un poco más, ambos grupos (el Equipo de Salud y el grupo de mujeres) a través de largas conversaciones, donde no faltó el acostumbrado mate socializador. Aclaramos que hasta aquí nosotros participábamos de sus reuniones espontáneas-cotidianas, a las que llegamos desde las relaciones de confianza construidas No convocamos a nuestras reuniones.

Durante las conversaciones extensas mientras compartíamos tareas, encuentros un poco más “confianzudos” como diría una de las madres comenzamos a conocer parte  de la vida cotidiana de los pobladores y de cada miembro de éste entralazamiento de relaciones, incluidas las de los miembros de nuestro Equipo.

Luego de muchos encuentros espontáneos, siguiendo su ritmo de vida cotidiana,  donde en algunos casos hablamos de “bueyes perdidos” y en otros “tuvimos que hablar y además  poner el cuerpo”, visualizamos algunos indicios-pistas que nos llevaron a suponer que la violencia intrafamiliar y conyugal estaba instalada en los hogares de cada una de las madres que integraban el Ropero Comunitario. Controlamos nuestras  ansiedades  de  ofrecer inmediatamente respuesta, ya sea a través de un proyecto, de un taller, de información, de consejos, etc, pues partimos de la premisa “por ahora no hay demanda concreta, solo comparten sus historias de vida”, “no forcemos ningún proceso, cuando ellas consideren realmente  que podemos ayudar y que pueden contar con nosotros, pedirán que las ayudemos...”  

Decidimos continuar compartiendo sus espacios y  momentos promoviendo  tematizaciones respecto a la violencia en cada hogar, tratando de buscar respuestas a éstos interrogantes: ¿cómo significan o que representaciones tienen de la violencia?¿cómo  piensan y encaran dicho problema?, ¿qué vienen haciendo frente al problema? ¿cómo se consideran a sí mismas?¿cómo llegaron a esta situación? ¿Consideran ellas que tienen recursos como para transformar dicha situación?¿cómo activan y utilizan tales recursos? Etc., tratando de deconstruir el supuesto  problema.

Para ello apelamos a la conversación abierta – informal en grupo e individual, en donde tematizamos progresivamente sobre diferentes situaciones problemas por las que atraviesan los vecinos del barrio; alcoholismo, discapacidad, violencia familiar, desocupación, desnutrición, etc. En principio, evitamos instalarnos en el tema: violencia familiar, no lo hablábamos si ellas no lo hacían. Nosotros seguíamos su conversación, esperando la oportunidad.        

Con el tiempo fuimos construyendo un espacio conjunto de reflexión e intercambio de opiniones sobre la violencia en el hogar, contra niños y  mujeres, buscando llegar como recomienda Ferreira Graciela (1994;78) “a descontaminar el pensamiento, las opiniones y los sentimientos...” Acompañamos (además del mate) dichas conversaciones con la observación  e historia de vida (dolorosas por cierto)

Podríamos decir, que comenzamos así a deconstruir los acontecimientos, fue comenzar a explorar y comprender cómo el problema  había  llegado a configurarse como tal. En ese transcurso como dijimos, tratamos de comprender tal situación e intentamos otorgar  juntos, nuevos significado al problema, siempre con ellas y en conversaciones abiertas e informales, donde cada narrativa nos iba aportando nuevos elementos (distinguibles) para una mejor comprensión y explicación. Para ello fuimos “desfragmentando el disco rígido” como diría la colega Vicente, Lorena.

Así, en éste proceso nos encontramos con inumerables prejuicios, mitos, creencias, prácticas culturales, matrices de aprendizajes, estigmatizaciones,  que nos ayudaron a esa deconstrucción y posterior  comprensión explicativa del problema abordado. Enumeraremos algunas que fueron necesarias desedimentar (análisis de enunciados, metáforas, comparaciones, creencias, matrices, etc.,)  para construir juntos una nueva mirada sobre el problema.

 

“algo habré hecho mal...”

“yo no puedo con mi genio de reclamarle cuando viene borracho, yo a veces tengo la culpa, yo me la busco, en vez de quedarme callada...".

“su papá le pegaba a su mamá, por eso quizás mi marido sea así…”

” a mi me enseñaron que hay que aguantar por los hijos..., yo me quedo por mis hijos, no quiero que se queden sin papá...”.

“mi mamá me enseñó que uno se casa para toda la vida, y se la tiene que aguantar”,

“si lo denuncio, me dijo que no me va a dar un peso para los chicos y me los va a quitar por que yo no trabajo...”,

 “la policía no hace nada porque dicen que no es un delito, entonces no queda nada más que aguantar...”

“como sea, yo lo quiero porque es el padre de mis hijos”

“yo no tuve padre, no quiero que mis hijos pasen lo mismo”

“una vez hice la denuncia y no pasó nada. Encima el juez y la asistente social, me retaron, como que yo también me porto mal”

“yo ahora me defiendo, le meto con lo que sea, antes era una tonta me dejaba pegar”

“el mío es así cuando toma nomás, sano no mata una mosca”

“yo me acuerdo que a mi mamá, mi papá también la golpeaba, y mi abuelo hacía lo mismo con mi abuela”

“antes, en el campo no había asistente social, policía ni psicólogo, nada de eso, Las mujeres aguantaban calladitas”

“Mi papá era así de malo, cuando viejo se les pasa. Los años los hacen menos malos y violentos”

“En la policía  creen que nosotros tenemos la culpa, no nos quieren recibir la denuncia, encima nos retan”.

 

Con los elementos surgidos de la narrativa de las protagonistas y una vez articulados (Construcción) en conversaciones posteriores,  las madres “se dieron cuenta” como plantea la Gestalt (toma de conciencia global en el momento presente) de su situación y lo que era necesario transformar. (Posibilidad de reconstruir) “cuando una persona puede darse cuenta de su real necesidad y logra expresarla, este saber se transforma en un estímulo valioso para el logro de su realización" Reynoso, Lidia –Calvó Liliana “Trabajo Social y Enfoque Gestáltico” (2003).

 

Ese “darse cuenta”  desde sus experiencias dolorosas, les permitió  a  las protagonistas lograr un acuerdo, “la verdad que tenemos que hacer algo chicas...”, eso  las llevó a pensar, diseñar y coordinar un plan de acción, a fortalecer su dispositivo de cooperación, construido mucho antes de que nosotros llegáramos. Así decidieron la construcción de una nueva situación superadora, lo que implicó -como refiere Natalio Kisnerman- una planificación estratégica, donde articulamos acciones conjuntas que actualmente se encuentran en ejecución expectante. (Reconstrucción)

Durante los encuentros, las madres pasaron a ser quienes convocaron a vecinas conocidas, quienes organizaron las reuniones, fueron indagadoras ellas mismas sobre el  problema que nos comenzaba a ocupar. El equipo en estas circunstancias fue fondo, y las figuras fueron las madres del ropero comunitario. 

A partir de allí se sucedieron otros encuentros (proceso grupal) y además el equipo de salud junto a las vecinas fueron visitando casa por casa a quienes requerían atención profesional, abordando el problema en forma conjunta con las vecinas, realizando reuniones cuando eran necesarias.

 

Nuestros procedimientos fueron de:

De registro y análisis temático, de enunciados, de los elementos que componían nuestro objeto ello nos permitió separarlos transitoriamente y describirlos, luego lo integramos a su totalidad para poder encontrarle una explicación comprensiva. De inferencia inductiva, pues a partir de varios casos particulares, llegamos a algunas  inferencias y enunciados probabilísticos. De evaluación: para determinar permanentemente los resultados y procesos de  nuestra  actuación profesional.

 

Presentamos aquí de modo sintético, parte del proceso de trabajo donde identificamos la inserción, la deconstrucción, la comprensión explicativa del problema (construcción) y la posibilidad de planificación estratégica como proyecto superador. Aquí también, visualizamos el lugar de la convocatoria a reuniones grupales con la gente, solo cuando son necesarias.

 

En este aspecto debemos aclarar que la preocupación-acción del equipo y de la gente, fue puesto en juego para responder a un problema sentido, donde el dispositivo grupal  es solo instrumental, no un fin en sí mismo. No fuimos al barrio para desarrollar un proceso grupal, no nos quitaba el sueño no hacer un proceso grupal. Por el contrario, lo prioritario fue responder al problema sentido y para ello eran necesarias algunas reuniones continuadas, en tiempos y espacios que la gente disponía y aquí es donde  emerge el proceso grupal.  Otras acciones como las visitas domiciliarias entre profesionales y vecinas, fueron siguiendo el enfoque de redes comunitarias.

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Hasta aquí, hemos transitado parte del proceso metodológico en comunidad, es decir la inserción y la deconstrucción, ésta última, prioritariamente. Visualizamos la posibilidad de trabajar desde dispositivos grupales, es decir los inicios de un proceso grupal. Proceso grupal y proceso metodológico son dos caras de la misma moneda de nuestra actuación profesional, construyendo un movimiento dialogal e  interactivo entre ambos procesos. Tanto uno como otro proceso pueden captarse  interpretarse teóricamente en base a los modelos conceptuales disponibles. En la práctica concreta ambos procesos producen mutua influencia capaz de modificar las respectivas orientaciones y direcciones.

 

 

 

 

 

 

7. Deconstrucción. El grupo en Instituciones.

Son múltiples las formas con que se designan las prácticas y las teorías que se ocupan del estudio es investigación de los procesos que producen las instituciones, el dispositivo grupal analizador, es una de ellas.

El estudio de las instituciones como campo científico de investigación y teorización ha encontrado desarrollos múltiples dentro de lo que se ha dado en llamar las ciencias humanas o las ciencias del hombre. La sociología, el psicoanálisis, la antropología, la psicología social y la psicología con  distintas corrientes teóricas y con distintas prácticas se han ocupado de definir qué es una institución, hilvanando distintas concepciones acerca de este objeto de estudio y de su abordaje (Cueto, 2003,95)

Desde nuestras experiencias en instituciones carcelarias, educativas, de salud y organizaciones sociales podemos afirmar que desarrollar prácticas profesionales desde dispositivos grupales en instituciones, tampoco resulta  tarea sencilla. Ya en la ficha respectiva que trata sobre la inserción en las instituciones, dimos cuenta de la complejidad  de dicho proceso. Ahora nos ocupa – prioritariamente luego de la inserción- lo que llamamos la deconstrucción de discursos, acontecimientos, situaciones problemas, etc.

En el terreno dinámico de las instituciones nos encontramos al igual que en el campo comunitario, con series,  individualidades en procesos de formación grupal (que algunos llaman grupos preformados) y grupos con experiencia en acciones de interés colectivo.

En este caso la serie estaría integrada por ejemplo, por pacientes internados o no en una institución de salud (Hospital, puestos o centros de salud, geriátricos, etc.) pacientes cuyas interacciones son muy distantes y limitadas. Cuando en el geriátrico u hospital, escuelas  o puesto de salud o cárceles, etc., éstas individualidades aumentan la calidad y cantidad de sus interacciones, van saliendo de la soledad y el aislamiento y emerge visiblemente la posibilidad-la potencialidad de grupalidad. Es decir  aparece la oportunidad de desarrollar dispositivos grupales.

Ahora, estos procesos no siempre son espontáneo en las instituciones, con frecuencia desde estas instituciones totales (hospitales, escuelas, cárceles) estos procesos son inducidos por los equipos. Ello, en razón de que el grupo es un dispositivo analizador, de intervención posible y factible en las instituciones, pues cuenta con la disponibilidad física es decir la presencia de los futuros miembros del grupo que se pretende formar. A modo de ejemplos: grupos de pacientes diabéticos, de pacientes con VIH y sus familiares, de internos de un penal, de alcohólicos en un psiquiátrico, de internos discapacitados y diversidad de situaciones problemas que se pueden abordar grupalmente en las instituciones mencionadas.

En otros casos, los equipos institucionales invitan o convocan a mujeres golpeadas, a alcohólicos no internados, a hombres  violentos, a personas obesas,  a adictos, etc.  Los equipos institucionales convocan a sus reuniones en tiempos y espacios por ellos establecidos. Un tiempo, un espacio, un conjuntos de normas, un enfoque teórico-metodológico, lo que constituyen su encuadre.

En estas instituciones también nos podemos encontrar con convocatorias compulsivas, si los sujetos no participan en los grupos de la institución es posible que no reciban algún beneficio social, o en una cárcel  participar en algunos grupos significa recibir algún beneficio que haga más llevadera la condena o la estadía en la cárcel. En las escuelas, por ejemplo, participar en grupos es señal o indicador de una buena socialización, por lo tanto el alumno que lo haga, recibirá los beneficios de parte del docente y del sistema. En organizaciones sociales, puestos de salud, si no se participa en reuniones no se reciben los bolsones de mercadería, las cajas de leche, etc.

Toda vez que en las instituciones se demanda  a un trabajador social –grupalista, su intervención profesional,  éste debe saber que la vida de las instituciones se expresa a través de los múltiples grupos formales e informales que la conforman, la constituyen generando movimientos peculiares e inéditos.

Existe una dialéctica  entre los grupos y la institución y es en ese “entre”  donde se manifiestan tanto las burocratizaciones de los movimientos instituidos (conservadores) como la creatividad de los movimientos instituyentes (creadores).

Deconstruir es la posibilidad de visualizar: ¿cómo se ha ido construyendo la situación problema para los sujetos institucionalizados?  ¿Qué preconceptos, representaciones, prejuicios y/o supuestos están operando como barreras  en la construcción de situaciones superadoras?

¿Cómo se ha construido un determinado problema de conducta en una escuela, o  de salud en un hospital?

 ¿Cómo aparece la conducta violenta en padres de familia?

¿Cómo se construyeron los sujetos alojados en una institución penitenciaria?

¿Cómo se generan objetos de conversación a través del intercambio social en determinados  grupos?,

¿Cómo se justifican determinados discursos,  hechos, acontecimientos o situaciones  en la institución?

Para poder describir ¿cómo se vive en un barrio o cómo se trabaja en una institución? es preciso conocer cuáles son los significados que construyen una situación, desde la propia perspectiva de sus protagonistas. Esto se logra indagando cada dinámica institucional en particular Aquí destacamos la importancia de la pregunta. A partir de ella, (la pregunta) comienza el conocimiento.

¿Cómo se caracterizan, identifican, los actores institucionales o la gente que concurre a las instituciones ¿cómo se vinculan los directivos, con el personal administrativo o con el equipo de profesionales, o con el personal de servicios generales?¿cómo se vinculan los profesionales con la gente que busca sus servicios? ¿Cómo se perciben los destinatarios del servicio? ¿Qué representaciones construyen los destinatarios del servicio  de la institución, de los profesionales, del problema que los afecta, de ellos mismos?

De modo que sus acciones sean inteligibles y justificadas, lo que tiene que ver con su vida cotidiana, sus percepciones, representaciones, valores; no aceptar los problemas tal como vienen dados y precipitarnos en las soluciones, sino explorar cómo llegaron a definirse como son, lo que incluye su historicidad.

Dijimos que el TS se encuentra con el problema instalado y en evolución dinámica, el que generalmente  es presentado  por los involucrados o afectados a través de la conversación que él TS va construyendo progresivamente, y desde relaciones de confianza y credibilidad. Conversación que se facilita cuando nos acoplamos a los dispositivos institucionales que vienen siendo, que existen y que ya están en movimiento.

Así comienza el proceso de investigación con la deconstrucción (en el marco de nuestra inserción institucional) para visualizar y describir ¿cómo el problema ha llegado a configurarse? ¿cómo lo significan sus protagonistas? ¿Cómo vienen accionando?¿como visualizan sus recursos, si es que los visualizan?

La deconstrucción es para nosotros, una exploración y comprensión a la vez,  a fin de crear nuevos significados  y una nueva narrativa, conversando con los actores institucionales y  los implicados en el problema.

Cuando decimos conversación  decimos  que la deconstrucción se funda y vive en un proceso dialogal. Como señaló Gergen, “las exposiciones narrativas no son réplicas de la realidad, sino dispositivos a partir de los cuáles se construye la realidad. A través del discurso se despliega la narración en la que se cuentan los hechos como proceso en desarrollo, en el que se explica la relación entre acontecimientos, autorrelevantes a través del tiempo.

El Trabajador Social debe prestar atención al discurso, al juego interaccional, al contexto institucional y social,  cómo resuenan los acontecimientos, a donde se quiere llegar, a las soluciones ensayadas, a los dispositivos de cooperación genuinos en movimiento y al potencial existente para superar la situación problema.

 

 

 

 

 

Mamaní Gareca, Víctor Hugo

 

                                                                                                      Jujuy, Noviembre 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Fuente:

Mamaní Víctor Hugo - Vicente Lorena y Otros (Oct.2003) 2do.Informe de Avance. Actuación Comunitaria en Rehabilitación. Pyto: La Esperanza. Centro de Rehabilitación Dr. Vicente Arroyabe. Ministerio de Bienestar Social. Secretaría de Salud Pública. Jujuy. Argentina.

 






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